La catástrofe nuclear de Chernóbil dejó una “zona de exclusión” de más de 4.200 km sin seres humanos, pero a cambio la vida silvestre no se extinguió y ha florecido de nuevo.

Se ha realizado un exhaustivo estudio con cámaras colocadas en Bielorrusia y Ucrania, para comprobar el avance de la fauna silvestre. 30 años después, los datos demuestran que las manadas de jabalíes, lobos, alces y ciervos, habitan en ese lugar; y que dichas poblaciones están prosperando sobre todo gracias a la ausencia de amenazas humanas.
Incluso la densidad de población es similar a la de varias reservas de fauna protegida que se encuentran en los alrededores

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El siguiente paso para científicos e investigadores  sería comprobar el alcance la contaminación radiactiva en dichos animales. La idea es capturar animales vivos y colocarles un collar de seguimiento para comprobar de esa forma sus hábitos, y hacerles analíticas para evaluar su estado de salud. Pero esta labor es ardua y existen varias dificultades para llevarlas a cabo: los científicos buscan ejemplares de tamaño grande y para capturarlos se necesitan tiradores profesionales y permisos, pero en muchas de esas zonas se prohíbe el uso de armas. También se han avistado cazadores furtivos en la zona, y si alguno de los ejemplares es abatido los datos se perderían.

Una reflexión que cabe hacerse a la luz de los datos es la siguiente: ¿No es acaso más devastadora la mano del hombre que la radiación nuclear?  Porque en aquel lugar donde no habita y aún siendo un entorno hostil, los animales han podido sobrevivir, adaptarse y multiplicarse en número…

La fauna silvestre vuelve a la zona de Chernóbil
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